viernes, 7 de marzo de 2008

Julio Virginio Gallardo, de Santiago del Estero, nos invita a reflexionar

Desde la sombra de mis santiagueños algarrobos, allende los mares,
dirijo mi mirada a los cedros libaneses, ambas preciosuras-árboles de
la Naturaleza, y me dejo alcanzar por la historia de esta humanidad
plasmada en los pergaminos bíblicos. Según nuestros ancestros de Ur, de
las playas del Eufrates y del Tigris, del valle del Nilo, de las arenas
inmensas de las actuales Siria, Irak, Israel, y el Líbano, el patriarca
Abraham tuvo dos hijos, Isaac e Ismael, el primero padre de los
actuales judíos y el segundo, de los pueblos árabes. Esta simbología
nos es útil para cuestionar desde la historia a las dirigencias sociales y
políticas de árabes e israelíes, pueblos que lastimosa y cotidiamente
se enfrentan por territorio, por religiòn, por cultura ... por revancha.
Con un origen común, el transcurrir de los años ha ido profundizando
diferencias hasta extremos de una situaciòn de guerra abierta o
encubierta, como la actual, diferencias que parecen estimuladas desde
afuera tal como Fierro advertía : los hermanos deben ser unidos. No
parecen reconocerse como hermanos, pese a que el origen, la tradición,
es decir, la sangre y el paisaje, los convoca.
Siendo -me pregunto no sin pena- tan hermosos los niños que entre la
metralla pueden jugar y cantar, niños palestinos, beduinos, israelíes,
sirios, iraquíes, ... tan bellas y cautivantes las danzas interpretadas
por jóvenes y no tanto, al son de ritmos árabes o judíos, ... tan
deliciosas las comidas de unos y otros, cocinadas con idéntico amor,
... y tan, pero tan rojas las sangres que se derraman, tan rojas y tan
parecidas, .............................................................................................................
Por nuestras américas, el devenir ha sido distinto. A los primeros
habitantes les llegó un mal día un "descubrimiento" que en realidad fué
una conquista, un sometimiento desde la vieja Europa, continente que se
empobrecía de puro viejo. Hacia ella partieron el oro y la plata de las
entrañas recién descubiertas, llevaron riquezas y nos dejaron pestes
diversas. De allí en más los americanos hijos de la violación,
adoptamos la violencia, el caudillaje, el atropello, el enfrentamiento con
nuestros vecinos... Quinientos años después tuvimos una segunda
"invasión" . Esta vez de fugitivos de la guerra - magna estupidez
humana- que asolaba tierras europeas... Llegaron con sus valijas
cargadas más de sueños que de bienes, traían conocimientos y angustias,
fuerza de trabajo y esperanzas, amores y dolores por sus querencias
abandonadas... Tanos y gallegos, galos y anglos, galeses, árabes y
"rusos",( término que incluía a polacos, ucranianos, yugoslavos ...y
judíos propiamente dichos), germanos y hasta cosacos ...
América, al menos desde tierras mexicanas para abajo, recibió a
familias desalojadas y absorbió ese caudal, no sin estremecimientos, no
sin dolor, pero como una madre adoptó a estos "invasores". Nuestro país
expresa en sus danzas actuales esa inmigración : el vals, la
tarantella, el pasodoble, el shotís, y su influencia en nuestra criolla zamba, por
ejemplo. A su vez el tango contiene la añoranza de un hombre por su
lejana patria, (sentimiento triste que se baila, se dijo del tango). El
criollo se agringó, el gringo se acriolló ...
Tras años de desencuentros, en que los conflictos ensombrecieron los
cielos sudamericanos, y tras años de dictaduras una más salvaje que
otra, las democracias parecieran ser adoptadas por nuestros pueblos. Y
al revés del primer caso, en que dos pueblos hermanos de sangre estén
enfrentados, Latinoamérica tiene la oportunidad de hermanarse, de
hermanar a sus pueblos originarios con los venidos en los barcos, a las
etnias antiguas con los "de afuera", ...Pero debemos partir de una
reparación histórica : debemos abrir el territorio a nuestros paisanos
tobas, maya guaraníes, mapuches, wichís, y otros, no ya para una
reserva infame, como en los tiempo de Roca, sino como lugar adonde cultiven,
cosechen, y hagan perdurar y reverdecer sus tradiciones, en un paisaje
que los identifique y contenga. Debemos abrir -en suma-los territorios
de nuestros corazones.
Hagamos justicia : haremos historia, ganaremos el futuro, aseguraremos
la paz interios para todos los hombres de buena voluntad, y no
permitiremos que nos devoren desde afuera. Sembremos la tolerancia,
exhortemos a una justa distribución del ingreso, defendamos los
derechos de todos los habitantes de esta tierra bendita.
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Triste y dolorosamente, vemos a Isaac e Ismael pelearse y matarse entre
hermanos. Desde una Latinoamérica en paz, en justicia, con respeto a
los derechos humanos y civiles, en armonía social quizá logremos ayudar a
esa reconciliación.Pero empecemos por casa.-
(julio virginio gallardo. formosa 617.barrio colón. sgo del estero. jgallardo@edese.com.ar)

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